Ciencias Jurídicas y Sociales | Fallo del Día: DAÑOS Y PERJUICIOS – Deterioros ocasionados por obras realizadas en una finca lindera. (Parte III)
el actor se agravia en orden a que en la precedente instancia se omitió abordar el tratamiento del monto reclamado por “cobro de medianería”.
Universidad Blas Pascal, Finca, Daños y perjuicios, Obras Hidraulicas y Sanitarias
84
post-template-default,single,single-post,postid-84,single-format-standard,tribe-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,smooth_scroll,

Blog

Posted by cm in Abogacia, Jurisprudencia

Fallo del Día: DAÑOS Y PERJUICIOS – Deterioros ocasionados por obras realizadas en una finca lindera. (Parte III)

4°. Asimismo, el actor se agravia en orden a que en la precedente instancia se omitió abordar el tratamiento del monto reclamado por “cobro de medianería”. Asegura el quejoso que el perito designado en estos obrados estableció que los emplazados han apoyado su construcción en el muro medianero del actor, equivalente a 13,61 metros y que —en virtud de ello— resultarían deudores del importe de $1.653,60 al 1° de diciembre de 2007. Sin embargo, aseguran que este reclamo fue excluido injusta y arbitrariamente de la sentencia de grado. En torno a este segmento de las quejas vertidas, habré de adelantar que le asiste razón al quejoso. Liminarmente, cabe recordar que los muros linderos o separativos son aquellos que se encuentran edificados en el límite de dos fundos contiguos, pertenecientes a distintos propietarios. Éstos, pueden edificarse de tres formas distintas, dando así origen al muro encaballado, al muro contiguo y a la pared “próxima”. La obligación de contribuir al reembolso de la parte pertinente del valor de pared y terreno nace desde el momento en que el lindero utiliza específicamente la pared y, en consecuencia, desde ese momento hay derecho por parte del dueño del muro y terreno al reclamo pertinente actio nata.

El muro encaballado es aquel cuyo eje coincide con la línea separativa de las heredades, por lo que el muro vendría a quedar asentado parte en terreno de uno de los vecinos y parte en terreno del otro. Se los denomina encaballados pues van “a caballo” de la línea limitativa de los dos inmuebles (Conf., MARIANI DE VIDAL, Mariana “Curso de derechos reales”, T° 2, ps. 74, apartado I y 84, apartado II, punto 1. 1.2).

En relación a este punto de la constatación, el perito alegó que “…entiende como superficie de apoyo, la superficie de medianera o de paramento, tomada por los demandados sobre el muro encaballado en el eje medianero de 30 cm de espesor. Esta superficie queda definida por la proyección del paramento medianero que conforma una de las paredes del ambiente de la planta alta denominado dormitorio. Este se encuentra ubicado hacia el frente de la propiedad recostado sobre la línea municipal y sobre el eje medianero colindante con la propiedad de la actora. Se consideran también dentro de la proyección del paramento: el espesor del techo, el espesor de la pared que da hacia el patio y el espesor de la pared sobre línea municipal. La superficie total resulta ser de 13.61 m2…”. Añadió que el origen del muro data del año 1998 y calculando la superficie a valuar, a razón de $121,50 por m2 —que representa la mitad de su valor—, el costo de la pared a liquidar a cargo de los demandados ascendía a $1653,60 al 1° de diciembre de 2007 (cfr. fs. 90 y 91, punto 4).

Esta conclusión fue impugnada por el demandante a fs. 95/96 y contestada por el perito a fs. 102/103, punto 2.D. Allí, efectuó una actualización del costo de la medianera a cargo de los emplazados, estableciéndolo en la suma de $1.726,69 al 30 de abril de 2008. En función de lo expuesto, tal como fuera adelantado al inicio de este apartado, discrepo con la desestimación de la partida efectuada por la Sra. Juez de grado.

De tal suerte, correspondería admitir las quejas vertidas por el actor en punto a la utilización de su medianera por parte de la vivienda de los emplazados, estableciendo en concepto de la misma el importe de $1.726,69 al 30 de abril de 2008 (conf. arts. 2735 y 2736 del Cód. Civil).

5°. A continuación procederé a abordar las quejas que introduce el actor relativas a la omisión de su reclamo de reubicación del tanque de agua. Expresa el demandante que el perito fue contundente al señalar que la ubicación del tanque de agua sobre la azotea de la finca de los emplazados no cumple con el Cód. de Edificación y Obras Sanitarias y que la Sra. Juez “a quo” hizo caso omiso de la sugerencia de reubicación del mismo. Sobre este aspecto, el experto designado en estas actuaciones manifestó que “…El tanque de agua… se encuentra emplazado sobre la azotea en el vértice izquierdo del contrafrente, entre las paredes linderas del inmueble. La ubicación geométrica precisa del mismo, no pudo ser establecida por este Perito.

Los motivos radicaron en no poder ingresar físicamente al sector donde se instaló el tanque de reserva, pues no contaba con medios mecánicos físicos adecuados para cumplir con su cometido. Sin embargo, este Perito pudo apreciar su emplazamiento desde el patio vecino, propiedad de la actora, desde una distancia aproximada de 6 metros. Este Perito considera que, a ojos vista, … que el tanque no se encuentra colocado según las normas vigentes en el Cód. de Edificación y Obras Sanitarias… …estima necesaria su reubicación de acuerdo a dicha normativa. (Dicha normativa dice que: Un tanque de reserva de agua debe mantener una distancia mínima de 0,60 m del eje divisorio entre predios…)…” (cfr. fs. 90, punto 3). En lo que atañe a este aspecto de los agravios, corresponde precisar que el actor pretende la modificación de una instalación ubicada en el inmueble de los emplazados, a pesar de no haber acreditado que la colocación del tanque de agua le ocasione un perjuicio concreto en el inmueble de su propiedad. En el libelo de inicio, el Sr. C. refirió que una mañana despertó y advirtió que en su propiedad no dejaba de caer agua y que ello no obedecía a factores climáticos sino al desborde del tanque de agua ubicado en la finca lindera, recientemente instalado.

Empero, este episodio también reviste carácter de declaración unilateral, por cuanto el actor no ha aportado testimonio o documental alguna que avale su ocurrencia. Ahora bien, toda vez que la incorrecta instalación del tanque de agua en la azotea del inmueble de los demandados podría ciertamente ocasionarle al reclamante algún perjuicio, en función de ese daño potencial o eventual, habré de admitir las críticas introducidas. Consecuentemente, si mi opinión resulta compartida, deberían los emplazados proceder a reubicar el tanque de agua en cuestión, conforme a la normativa consagrada en el Cód. de Edificación y Obras Sanitarias.

6°. Desde otro ángulo, procederé a analizar el agravio formulado por el Sr. C. en punto a la falta de consideración del rubro “daño moral”. Al efecto, cita una serie de antecedentes jurisprudenciales relativos a las graves molestias que debió soportar mientras se realizaban las refacciones en la finca lindera. En virtud de ello, solicita se admita la procedencia de su reclamo por este concepto. No desconozco que cuando en casos como el de autos se ha demandado por los perjuicios materiales, no cabría sin más presumir que la sola realización del hecho habría acarreado la lesión en los sentimientos para la que prescribe el artículo 1078 del Cód. Civil (conf. Llambías, “Cód. Civil Anotado”, Tomo II-B, “Hechos Jurídicos”, ps. 328/329 y jurisprudencia allí citada).

El rechazo de este tipo de resarcimiento en casos como los descriptos, estuvo condicionado por la ausencia de aquellos elementos de convicción que hubieran permitido colegir la afectación de otros intereses morales, que no fueran las preocupaciones o las molestias que de ordinario provocan los acontecimientos generadores de perjuicios (conf. esta Sala, votos de la Dra. Ana María Luaces en Libres n° 90.096 del 5/7/91; nº 109.402 del 20/8/92 y nº 189.013 del 19/7/96, entre muchos otros). En supuestos en que las cosas materiales dañadas carecen en sí mismas de valor de afección, el daño moral se configura indirectamente en la medida que el deterioro o destrucción hubieran producido efectivos sufrimientos, incomodidades o alteraciones ponderables en el orden extrapatrimonial.

Según se ha sostenido, sólo cuando el menoscabo material trae consecuencias personales para los damnificados, al grado de producir alteraciones de significación en su ámbito doméstico que perturben la tranquilidad de su hogar, debería acogerse esta partida (ver voto de la Dra. Ana María Luaces en Libre nº 189.013 del 19/7/96 y sus citas).

El actor refirió haber sufrido frecuentes molestias por ruidos, escombros, desbordes del tanque de agua, etc. Al respecto, el testigo N. R. T., quien efectuó labores de electricidad en las obras realizadas en el inmueble de los demandados, alegó creer que no se provocó afectación alguna a los vecinos de la obra, dado que se trabajó adecuadamente y que nadie formuló una queja (cfr. fs. 136/137).

Por su parte, el testigo C. P. declaró que hubo un problema con el vecino del lado derecho, por el ruido que provenía de una moladora. Sin embargo, el declarante —especialista en construcción—, afirmó que el nivel del ruido era el común de una obra (cfr. fs. 139/140). Finalmente, el testigo D. P., propuesto por el actor, expresó que “…el nivel de ruido es el de cuando uno está haciendo una construcción al lado, cuando estábamos en reunión a veces era bastante el ruido…” (cfr. fs. 178/179 vta.).

En efecto, de lo manifestado por el actor y de los relatos brindados por los testigos referenciados, se desprende que no resultaría viable acordarle al demandante un importe en concepto de “daño moral”. Es que, las molestias vinculadas a los ruidos por la utilización de moladora, maza, martillos o en general elementos de la construcción, son propios de la realización de una obra. Máxime, cuando los arreglos y refacciones se realizaron en la finca lindera, donde es imposible morigerar las poluciones sonoras. Sin embargo, la prueba producida en autos no permite aseverar que las molestias referidas hayan transgredido el límite de la normal tolerancia y que hubiesen alcanzado una intensidad tal, que sea susceptible de traducirse en un perjuicio moral que justifique un digno resarcimiento económico a favor del actor. En razón de lo expuesto, correspondería desestimar las quejas introducidas.

5°. En síntesis, si mi voto fuese compartido, propongo admitir los agravios introducidos por el actor en relación a la partida “daños por cobro de medianería”, estableciéndola en la suma de $1.726,69, como también la solicitud de reubicación del tanque de agua instalado en la finca de los emplazados. Sin embargo, voto por confirmar el rechazo de las partidas reclamadas por el actor en concepto de “daños materiales en el interior del inmueble” y “daño moral”.

6°. Corresponde señalar que, de acuerdo a lo establecido por la doctrina plenaria sentada por esta Cámara Civil en los autos “Samudio de Martínez, Ladislaa c. Transportes Doscientos Setenta S.A. s/ daños y perjuicios” del 20/04/09, sobre el capital reconocido corresponde aplicar la tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de la Nación Argentina. Ello, desde que parte de la condena consiste en reconocérsele al actor el monto de $1.726,69, que ha sido fijado a valores históricos (30/04/2008). De modo que, a dicho importe deberá aplicarse la tasa de interés establecida, desde la fecha indicada hasta el efectivo pago, para de ese modo mantener incólume al capital reconocido, desde que dicha tasa refleja el detrimento inflacionario. En cambio, en orden a la mora que respecto de este crédito se produjo desde la notificación de la demanda (4/7/07: ver cédulas de fs. 47/48), hasta la fecha de valuación de la deuda de medianería (30/4/08), deberán aplicarse los intereses a la tasa anual del 8%, por liquidarse sobre un capital actualizado hasta esta última fecha.

7°. Cabe remarcar que, no desconozco que el art. 303 del Cód. Procesal fue derogado por el art. 12 de la ley 26.853, recientemente sancionada. Sin embargo, en virtud del art. 15 de aquella norma, tal disposición recién entrará en vigor a partir de la efectiva integración y puesta en funcionamiento de los tribunales que allí se crean, razón por la cual hasta ese momento continúa vigente la doctrina plenaria citada en el presente (Conf. CNCiv., esta Sala, voto del Dr. Ricardo Li Rosi, en Libre n° 611.788 del 20/05/13).

8°. En orden a lo normado por el art. 279 del Cód. procesal, toda vez que en la especie la demanda prosperaría en forma parcial, correspondería distribuir las de ambas instancias en forma equitativa y fijarlas en el orden del 50% para cada una de las partes. Ello, desde que el actor resultó victorioso en su reclamo en lo atinente al cobro por utilización del muro medianero y a la reubicación del tanque de agua instalado en el inmueble de los demandados, mas vencido en lo que respecta a los “daños materiales en el interior de su inmueble” y “daño moral” (arts. 68, segundo párrafo y 71 del Cód. Procesal).

Fuente: Thomson Reuters

Ingresar un comentario

happy wheels